En una de las asignaturas de la carrera nos dieron la oportunidad de ir a los laboratorios dos días extra y antes del examen de las prácticas. Yo no estaba pasando la mejor de mis épocas y las llevaba regular. Asi que Él se prestó a ir conmigo y ayudarme con las prácticas, y yo ayudarle a él con alguna que también se le había atravesado. Al final, dedicó todo su tiempo a explicarme las prácticas, sacrificando todo su tiempo para mi. Luego me tocó una de las prácticas que me enseñó, saqué una matricula, y meses después entré en el Departamento, iniciando lo que luego sería el comienzo de mi carrera profesional.
En esa misma época, Él estuvo conmigo cuando las cosas me fueron tan mal. En la peor época de mi vida, Él me ofreció lo que tenía y me rescató sin saberlo.
Cuando iba a presentar el trabajo fin de carrera, se presentó por sopresa para regalarme una pluma preciosa, para celebrar mi éxito. Y estuvo conmigo desde el día siguiente a la presentación y fin de mi carrera, hasta que mi padre se recuperó de un problema de salud grave.
Cuando hace unos años mi hermano bajó de madrugada asustado porque no veía de un ojo, Él que me había acompañado (como siempre) hasta casa después de salir con nuestros amigos, no dudó en llevarnos a urgencias, y estar conmigo en todo momento, tranquilizándome. (Todo salio bien).
Después de la carrera, pasamos a ser compañeros de trabajo. Y en uno de los peores días de mi primera etapa profesional, cuando estuve más de trece horas con un problema que no sabía resolver y que era urgente, estuvo a mi lado, me llevó a comer, me tranquilizó, me hizo reír, me dio seguridad, me llevó de nuevo al trabajo y estuvo conmigo soportándome.
Cuando viví mis momentos de "gloria", en las presentaciones del taller, en la presentación del libro resultado de un premio de literatura, él estuvo ahí, celebrando mis alegrías como si fueran propias.
En uno de mis peores días en Burgos, después de hablar conmigo por teléfono decide coger el coche, ponerme la excusa de un viaje profesional e ir a verme. Y no le importó que ya fueran las ocho y pico de la tarde, nos separaran ciento treinta kilómetros de ida y otros tantos de vuelta, y al día tuviera que ir a trabajar a las ocho de la mañana. Apareció para estar conmigo, y soportó con una sonrisa mi mala cara y mi malísimo humor. Me dio animos, y regresó sin apenas un gracias por mi parte.
Y sin embargo, cuando estuve bien y tenía que estudiar con urgencia, no quiso ir a verme para no molestarme y que pudiera aprovechar bien el tiempo aún sabiendo que le hubiera encantado.
Y luego están todas las risas, los viajes, los buenos ratos... Tantísimos momentos...
Con tantas pistas... y he tardado tantísimo en darme cuenta de que era algo más que un buen amigo! Pero hace ya seis meses que abrí lo ojos. Y dar el paso ha sido la mejor decisión que he tomado en mi vida, sin ninguna duda. Asi que, aprovecho este "ciberpúlpito" para agradecerte que seas tan generoso, que estés a mi lado (como siempre has estado), y decirte que eres lo mejor que me ha pasado 